Una payasa abre las puertas de su cotidianidad mostrando su transición a la maternidad, dejando así, ver el caos que la habita. Del amor más profundo al llanto desconsolado, de la calma a la intensidad en segundos. Balanceando sus nuevas emociones en una fina cuerda floja. Divertida y tan inestable como su nuevo ser: ser madre.