Rulos, tango y cuerda floja, un espectáculo donde Muruya sueña con ser una estrella del baile, pero su torpeza no le permite ni usar tacos ni ropa elegante y mucho menos mantener su cabellera en orden. Baila tango con su muñeco Mingo, eterno compañero de pista. Baila alegre con sus aros, girando y girando. Sin conformarse busca voluntarios entre el público, a quienes les enseña el tango. Y finalmente encuentra el equilibrio a través de una fina cuerda, baila entre su niña y su mujer; su cordura y locura; entre el tango y la cumbia, entre el juego y la magia… Casi sin palabras, con su gran simpatía y sus habilidades de circo, comunica al público sus sentimientos, haciéndolos parte de su pequeño mundo.